Alteraciones en la organización de la empresa requieren una dirección imparcial que redefina funciones y operaciones.

Tras el diagnóstico inicial, deben ponerse en marcha las actuaciones precisas de racionalización y reorganización, financieras y/o operativas, que permitan alcanzar una estructura que maximice el valor para los accionistas, clientes, empleados y acreedores.

En la mayoría de los casos se trata de una posición consensuada entre la propiedad, el "management" y la banca. Un tercero independiente reestructura mientras el "management" gestiona el día a día.